06 de Enero de 2012. Actualidad
Es curioso que un bollo en forma de rueda diga “adiós” a las Navidades, pero es así. Cada 6 de enero en España, en medio del regocijo y la algarabía por la llegada de los Reyes Magos, cortar el Roscón es sinónimo de que ha pasado un año más.
El Roscón no es más que una suerte de panecillo suave ahuecado en el centro y decorado con trocitos de frutas confitadas o escarchadas (puede, incluso, estar relleno de nata montada). En su interior esconde algunas sorpresas muy divertidas: desde monedas (símbolos de abundancia en el año que apenas comienza); hasta figuras de animalitos, coronas y zapatillas. También guarda un haba y quien la encuentre será “penalizado” con el pago del Roscón.
Aunque se desconoce su origen con certeza, se le vincula a las fiestas de los esclavos romanos, quienes celebraban el final de los duros trabajos en el campo. Entonces, elaboraban tortas redondas con higos, dátiles y miel que repartían entre todos. Siglos después, se introdujo un haba en el Roscón como símbolo de prosperidad. A España, se cree que llegó en el siglo XVIII y fueron los reposteros catalanes quienes se encargaron de prepararlo. Fue en ese periodo cuando se le convirtió en el dulce por excelencia del final de la Navidad.
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